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“Soy comadrona desde los 22 años. Ahora, 34 años después, sigo trayendo niños al mundo en mi país e intentando salvar la vida de las mujeres liberianas en el momento del parto. La posibilidad de salvar la vida de estas mujeres en el periodo prenatal, durante el parto y en el posparto es lo mejor de mi profesión.
Tras dos años de formación en una de las escuelas nacionales privadas de mi país empecé a trabajar como partera tradicional en prácticas. Cuando MSF me ofreció el puesto de comadrona en el hospital Benson en 2003, me interesó desde el primer momento y cogí el trabajo.
En Liberia, las comadronas no se limitan solamente a los partos; podemos recetar medicamentos y proporcionar cuidados de enfermería a pacientes quirúrgicos y médicos cuando, debido a la falta de facultativos, no hay médicos en las clínicas o centros del Ministerio de Salud.
Muchas veces he sido la persona que trae al mundo a los bebés recién nacidos, la que les sostiene llorando en mis manos y la que ve la felicidad de las mujeres al acoger una nueva vida en sus familias. Pero, al mismo tiempo, temo enfrentarme con la muerte de alguna paciente o recién nacido. Es muy duro cuando el niño ya está muerto y entonces lo más importante es salvar a la mujer que tiene más hijos en casa esperándole.
Recuerdo el caso de una señora que llegó de parto y empezó a tener convulsiones en la mesa de partos. Le practiqué un parto con ventosa. Recuerdo a otra paciente que vino a nosotros con una grave hemorragia posparto por retención placentaria que conseguí detener separando la placenta de la pared uterina. En ambos casos, apliqué los protocolos MSF. Aún así, a veces, no puedo salvar a los bebés pero, por lo menos, las mujeres sobreviven y se recuperan muy bien.
Con el conocimiento práctico y teórico y la capacitación adquirida trabajando con MSF, seremos de una gran ayuda para nuestras comunidades cuando MSF se vaya del país”.
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