India: kala azar musahar
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18 | 12 | 2007 | Especial

Kala azar: información, educación y comunicación con las castas en India

Aitana, enfermera de MSF que ha trabajado en el proyecto de kala azar en Bihar, nos acerca a la India más invisible
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En Bihar, donde MSF-España lleva a cabo desde julio un proyecto de atención y tratamiento a pacientes de kala azar (leishmaniasis visceral), es donde se concentra la mayoría de los afectados por esta enfermedad en todo el mundo. Quienes lo sufren son por lo general muy pobres y entre ellos los musahar, de las llamadas castas bajas, los pobres entre los pobres. Frente a una situación de exclusión que se remonta al pasado, acercar el acceso al tratamiento requiere un doble esfuerzo en el trabajo comunitario constante de información, educación y comunicación. A continuación, Aitana, una enfermera valenciana que acaba de volver de allí, describe el trabajo realizado junto a Neha, personal local de MSF, para llegar a los musahar, así como su impresión de las condiciones en las que éstos viven.  

“El 16 de julio se empezaron a tratar pacientes en el Hospital Sadar de Hajipur, distrito de Vaishali, Bihar. Yo llegué al país a mediados de febrero y he estado trabajando como enfermera de terreno durante nueve meses. Parte de mi trabajo consistía en actividades de IEC (información, educación y comunicación) con la finalidad de llegar a las personas más afectadas por kala azar y al mismo tiempo más desfavorecidas por el sistema social. 

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En Bihar las personas más afectadas por kala azar son las que están en contacto directo con el ganado debido principalmente a su profesión y estilo de vida. Las profesiones en la India están tradicionalmente organizadas por castas, de esta forma son determinadas castas las que están más afectadas por la enfermedad. Entre éstas, se encuentra la casta de los musahar, los más pobres y los más excluidos de todo el sistema social. 

Uno de los objetivos más importantes del proyecto desde su inicio y particularmente de las actividades de IEC ha sido llegar a las comunidades musahar. Los musahar han sido llamados los dalit de los dalit, los más intocables dentro de los intocables. Su nombre, musahar se traduce por ‘los que comen ratas’. Suelen ser jornaleros del campo que cobran alrededor de un euro al día por su trabajo. Sus posesiones se limitan a lo que llevan puesto y generalmente viven en casas de paja y barro. A veces recogen del campo los últimos frutos que han sido olvidados después de las cosechas para sobrevivir y durante ésta búsqueda también cazan alguna rata que según dicen ‘cocinan muy bien’.

Los musahar así como otras castas, viven segregados en las comunidades y, a veces, no acude absolutamente nadie a la zona donde viven, ni siquiera las trabajadoras comunitarias que se encargan de la salud materno-infantil. Allí están, olvidados por todos y sin recursos para afrontar un mínimo problema fuera de la necesidad de comer cada día. Cuando alguien se pone enfermo tienen que pedir dinero a un prestamista que luego devuelven a un interés altísimo y quedan endeudados por mucho tiempo. La mayoría son analfabetos y más triste aún es ver que muchos seguirán siéndolo porque las niñas y niños musahar no asisten a la escuela aunque la tengan al lado de casa. Los pequeños dicen que los otros niños les insultan por ir sucios y por no tener ni lápiz ni libreta y prefieren quedarse jugando y rondando por la comunidad. Ellos suelen permitir esta situación sin protestar demasiado. Entre los hombres musahar hay un alto grado de alcoholismo, esto deja a las mujeres la responsabilidad de una familia con cinco o seis niños además de otros problemas, como el de la violencia doméstica.

   © Javier Roldán
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A finales de agosto empecé a visitar con Neha, la educadora de salud que es parte del personal local de MSF, comunidades afectadas por kala azar. El objetivo era dar a conocer la organización, el proyecto y dar información sobre esta enfermedad. La aceptación en las comunidades ha sido en general muy buena pero siempre ha sido muy importante ser introducidas a la comunidad por alguna persona previamente tratada por MSF, alguna  trabajadora comunitaria del Ministerio de Salud o alguna ONG local para que el mensaje fuera bien aceptado. A veces he llegado a notar incluso que las mismas trabajadoras comunitarias nos guían hacia castas bajas para hacer las actividades de IEC, pero se dejan de lado a los musahar. Generalmente hemos llegado a los musahar a través de pacientes tratados por MSF y a través de una ONG local. 

La diferencia entre dar el mensaje a diferentes castas era principalmente la reacción de la gente cuando les decíamos que deben ir al hospital público cuando tengan sospecha de padecer kala azar. Las castas más pobres son las que más se quejan y dicen que no quieren ir allí. Su experiencia les dice que no les van a tratar bien, que les van a hacer ir de un lado a otro sin darles explicaciones y que no les van solucionar nada. Neha, en este punto, tenía una dura labor insistiendo en la presencia de MSF y en que la atención que iban a recibir sería la adecuada y el tratamiento totalmente gratuito. 

Una de las cosas que más ha costado es lograr que los musahar se interesasen por el mensaje. Es comprensible que les cueste creer que alguien les vaya a ayudar de verdad o puede que, al estar saturados de problemas, el kala azar para ellos sea uno más de los posibles. La tolla (como barrio) de los musahar es generalmente la zona que más fácilmente se inunda en las comunidades y en la época del monzón hemos continuado haciendo visitas. El problema de alcoholismo entre los hombres musahar ha sido muy patente durante estas visitas y alguna que otra vez hemos tenido algún altercado con un hombre que ponía en duda nuestra intención. Generalmente otra persona de la comunidad ha intervenido y ha pedido silencio y atención. Neha, con su voz fuerte y postura de autoafirmación, también se hacía escuchar. 

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Una cosa que al verse no deja de doler es que la gente se trata según la casta a la que pertenece. Así los musahar son los que peores tratos reciben y creo que esto se hace más patente cuando alguien totalmente ajeno al sistema, como puede ser un expatriado, les trata de forma diferente a la que están acostumbrados. Un día, uno de los expatriados tenía un niño en brazos, entonces una mujer que pasaba comentó lo bonito que era ver que alguien quiere a sus niños. Este comentario era más que suficiente para entender el grado de exclusión social que las comunidades de musahar sufren. Al mismo se observa una enorme resignación, una actitud de ‘esto me ha tocado vivir’. Algunos llegan a expresar que es mejor no revelarse y tratar de cambiar por la opinión de que en la próxima vida se pueden reencarnar en algo peor, como una rata, por ejemplo. 

Trabajar en la India es difícil, y no sólo por la excesiva burocracia que impide avanzar en línea recta, sino también porque el sistema social es muy complejo y particular. El sistema de castas está actualmente muy presente con un componente muy fuerte de exclusión donde las castas más bajas sufren la dificultad o incluso la imposibilidad de acceder a servicios de salud, educación y a otros lugares como pozos de agua o incluso templos religiosos. De momento ya estamos atendiendo a algunos musahar en el proyecto de kala azar, pero a medida que MSF va trabajando con las comunidades, más gente asistirá para ser tratada de su enfermedad con una atención digna. 

Tenemos aún una tarea importantísima: ganarnos la confianza de los musahar, de los cuales hay muchos que no creen que nadie vaya a dar nada por ellos. Eso ha sido así durante demasiado tiempo”.

Las actividades de MSF-España en Bihar la llevan a cabo 25 trabajadores nacionales y 10 expatriados, entre médicos, enfermeras, logistas, educadoras en salud, asistentes, técnicos de laboratorio, conductores, etc.
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