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Sentados en bancos fuera de la oficina de MSF, una docena de jóvenes birmanos rellenan meticulosamente una solicitud. Médicos, enfermeros, ingenieros, hombres y mujeres, todos quieren ir al Delta del Irrawady y “ayudar a su gente”. Tras las entrevistas, se selecciona a los más cualificados y motivados para formación antes de incorporarse a los equipos de MSF en el delta. “Aunque teníamos un numeroso equipo local disponible, necesitábamos a más personas para responder a estas trágicas consecuencias”, explica Souheil Reaiche, coordinador general de MSF en Myanmar. “Nuestro personal ahora lleva un mes trabajando en condiciones muy difíciles y hemos tenido que empezar a organizar turnos. Además, también les necesitamos en nuestros programas regulares para seguir proporcionando atención médica a los pacientes con VIH/SIDA, tuberculosis y malaria”.
Desde la segunda semana del ciclón, MSF ha formado a más de 20 médicos, 10 enfermeros y 30 técnicos en agua y saneamiento y logistas.
“Para los médicos y enfermeros, el principal objetivo es prepararles para las condiciones a las que tendrán que enfrentarse en el terreno. Esta clase de emergencia requiere una formación específica sobre evaluación de necesidades de la población en materia de alimentos y abrigo, tamizajes nutricionales a niños menores de cinco años, control de enfermedades, etc”, cuenta Scott Brown, un médico australiano a cargo de la formación médica. En cuatro días, el personal recién contratado también aprende acerca de los protocolos de MSF para tratar las enfermedades más frecuentes ahora encontradas en el delta, incluyendo las trasmitidas por el agua, infecciones respiratorias, malaria, dengue y malnutrición.
Una de las mayores necesidades de la población afectada, además de la comida, es el acceso a agua potable limpia. En muchas zonas del delta, el agua salada y el barro se han mezclado con el agua de estanques, pozos y otras fuentes. Las aldeas han perdido gran parte de los contenedores que utilizaban para recoger agua. Los equipos de MSF han distribuido hasta la fecha casi 40.000 cubos y bidones y han empezado a limpiar los estanques en diez aldeas. Al mismo tiempo, en Yangon, ingenieros y técnicos recién reclutados han participado en sesiones de formación de dos días de duración organizados por MSF para aprender cómo hacer encuestas sobre fuentes de agua en una aldea, cómo purificar el agua y analizar su claridad y calidad y cómo enseñar a los habitantes de las aldeas acerca de la importancia de hervir el agua y asegurarse que no se vuelve a infectar. En el jardín de la oficina de MSF en Yangon, MSF ha instalado un campo modelo de agua y saneamiento con depósitos de agua y sistemas de recogida de agua para que los alumnos puedan practicar in situ lo que acaban de aprender.
Como MSF ha enviado cientos de toneladas de alimentos y material de ayuda al delta, la distribución y la logística constituyen los mayores desafíos a los que tiene que hacer frente la organización. Los logistas de Myanmar, formados por MSF, han aprendido a gestionar un almacén y asegurar que hay stocks y dar cuenta de ellos.
“Vine a MSF porque quería ayudar a las víctimas”, afirma Mo, un ingeniero mecánico de 23 años que tras formarse en agua y saneamiento está a punto de desplazarse a Bogaley, en el delta. “Nuestra principal prioridad es prevenir las enfermedades transmitidas por el agua y espero que podamos lograrlo cuando lleguemos a las aldeas".
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