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Aunque sigue siendo de primordial importancia incrementar de inmediato la ayuda de emergencia a las víctimas del ciclón, hay otro problema cada vez más aparente en las poblaciones a las que MSF presta asistencia: un nivel significativo de trauma psicosocial.
En junio, el experto en salud mental de MSF, Kaz De Jong, viajó al Delta para evaluar la situación. A su regreso describió un preocupante panorama, en el que algunas de las comunidades más afectadas siguen necesitando asistencia, mientras que otras no pueden imaginar cómo empezar a afrontar la destrucción. "Las palabras de una mujer que ha perdido por completo las ganas de comer son una pequeña muestra de la desolación que padecen miles de personas en las zonas más afectadas. Explicó lo agradecida que estaba por la comida que le repartimos pero nos preguntó: ¿podéis darme la motivación para comerla?’’.
Con generaciones borradas del mapa, familias destrozadas y aldeas enteras destruidas, el nivel de sufrimiento es enorme. “Cuando te aproximas a una comunidad puedes percatarte del grado de la pérdida reflejado en los rostros de las personas y en sus respuestas. Aquellos que se han visto menos afectados, con lo que en sí ya son inimaginables pérdidas de entorno a un 20%, se han unido y se están ayudando mutuamente, organizando la comunidad. Sin embargo, los que viven en las zonas más afectadas te miran fijamente con rostros inexpresivos, desprovistos de sus naturales mecanismos de afrontamiento y viviendo en comunidades destrozadas”.
Además de las enormes pérdidas y la necesidad de lo más básico, Kaz explicó algunos de los retos menos obvios a los que se enfrenta la población. Escuchó muchas historias de gente que decía sentir miedo, por tener que regresar al lugar donde experimentaron el horror y/o encontrarse con numerosos cadáveres desenterrados por las incesantes lluvias. Otra cuestión menos reconocida es el cambio de rol al que muchos de los damnificados se han visto forzados por las circunstancias. Esto quedó ejemplificado para Kaz cuando encontró a una anciana sosteniendo con fuerza a una pequeña, "Me he vuelto a convertir en madre. Toda mi familia ha desaparecido, las únicas que quedamos somos yo y este bebé”.
En este contexto, el personal sanitario de MSF ha registrado un gran número de trastornos psicosociales, aletargamiento, tristeza profunda/depresión, ansiedad, somnolencia, hipertensión, palpitaciones, y dolores corporales indefinidos. Para abordar estas cuestiones, se está integrando un programa de salud mental y psicosocial a nuestra respuesta de emergencia en las zonas de Labutta y Hangyi, donde distribuimos alimentos, suministramos agua, realizamos actividades de saneamiento, procuramos material de abrigo y prestamos atención primaria de salud. “Un enfoque integrado es importante a fin de responder a cuestiones críticas. Un entorno de recuperación adecuado a las personas y salud mental y bienestar personal”, explica Kaz. “Un equipo de promotores de salud comunitarios, formado en detección de casos y referencias, trabajará para sensibilizar acerca de cuestiones clave como estrés e higiene e informar sobre los servicios disponibles para asistir a las personas en las comunidades. Estos trabajarán junto con equipos de salud experimentados y asesores (con formación adicional sobre atención a traumas) que ofrecerán un apoyo exhaustivo a la salud mental y psicosocial. Los asesores son birmanos reclutados de los ya existentes proyectos de MSF en Myanmar”. MSF también está trabajando en la movilización de las comunidades a fin de reforzar sus estructuras de autoayuda y desarrollar grupos de apoyo y actividades. Asimismo la organización ha planificado la ampliación de los servicios para asistir a los que todavía no han recibido ayuda.
El personal nacional de MSF, que empezó trabajando en el Delta a las 48 horas de haberse producido la catástrofe, también está recibiendo apoyo y atención. Las condiciones en las que trabajan son físicamente muy duras, y la estación de lluvias, la higiene más básica y las circunstancias que les rodean se suman a los retos a los que el personal ya tiene que enfrentarse, con barrizales que dificultan los desplazamientos. A la tensión emocional que supone el hecho de enfrentarse a tanto sufrimiento en algunos casos se suma además el hecho de tener que soportar sus propias pérdidas. Sin embargo, Kaz reportó una fuerte motivación por parte del personal para seguir asistiendo a sus conciudadanos, la mayoría de los cuales han elegido ir a trabajar a la región del delta. Para reforzar los mecanismos de apoyo naturales del equipo ya presentes, al compañerismo surgido se le han unido sistemas de rotación y análisis específicos a cada requerimiento.
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